Cada mañana se cuela por la ventana los nuevos colores del porvenir, las frescas fragancias de la naturaleza. El sol se abre paso e inunda mi paraíso blanco y se postra ante mi lecho para ofrecerme cuartillas nuevas en las que poder dibujar emociones intensas, versos prometedores que me lleven por desconocidos senderos.
Sus rayos azotan mi corazón, aún dormido, lanzándome con furia palabras desechas, deseosas por lanzarse al abismo y luchar, a muerte, con los diversos significados, han de buscar el sentido exacto para ir construyendo el poema, el rayo luminoso de la jornada que acaba de nacer.
